Hay personas que te atrapan.
Personas que, aún sabiendo que no son buenas para ti, aunque tu mente luche con todas sus fuerzas por no caer en sus redes, un día te las cruzas por la calle, y sin saber por qué, empiezas a sentir un malestar irradiado desde el centro de tu pecho, una punzada difusa de dolor, una angustia sin sentido, en la cual vas escarbando, escarbando, escarbando, y llegas al centro.
Y ese centro no te gusta un pelo, y te horroriza, y te preguntas, como es posible que seas tú la causante de esto, si no fuiste nadie importante para mí. O eso creías. Porque lo del fondo, eso que tu mente estuvo ocultando por tu bien, ha salido a la superficie. Y continúas sabiendo que no es buena para ti. Continúas sabiendo que no pasa más allá de una conocida a la que no querrías en tu vida. Pero ahora está en la superficie, y entiendes los motivos por los que estaba ahí guardada.
Porque por mucho que queramos ser coherentes con nuestro sentido común, el corazón no entiende de sentido común, y a veces juega malas pasadas.
Una de las cosas que duele es saber que no la has tenido, por el motivo que fuese, que ni siquiera lo intentaste porque ni siquiera fuiste consciente de que la querías para ti. Otra de las cosas que duele es ver lo feliz que está aunque haya hecho un agujerito en tu alma. Otra de las cosas que duele es que tiene todo lo que a tí te gustaría tener. Y la última, es que ya no formas parte de su vida, ni como amiga.
Y, sí, sigo pensando que no es una buena chica, aunque sea cuestión de su cultura, que se entromete en todo, que no es clara, que le encanta hacer líos. Todo lo que a mi no me gusta. Pero si se me pusiera a tiro, si me diera la oportunidad, no creo que me lo pensara, la metería en mi vida, y la pondría por delante de muchas cosas. Y esto, esto realmente, es lo que no me gusta un pelo. Sentir el amor incondicional, ese que te late desde dentro del pecho, ese que ha salido a pesar de haberlo empujado hacia sitios donde no se ve con todas tus fuerzas.
Ya salió una vez a relucir y te pilló de sorpresa, pero nunca como esta vez.
Y me torturo por ser cobarde y por no luchar por cosas que quiero, aunque esta no sea por la que lucharía. Y sé que solo voy a vivir esta vida y que quiero vivirla sin barreras, sin muros que me impidan hacer lo que quiera cuando quiera, de estar plena, de llenar cada rinconcito de experiencias y sensaciones.
Y a por eso pienso ir. Deja de ser cobarde. Vive como si fuera la última semana.
Yo, mi, me, conmigo.
"En este mundo cruel, nada es verdad o mentira,
sino todo del color del cristal con que se mira."
sino todo del color del cristal con que se mira."
martes, 22 de febrero de 2011
miércoles, 9 de febrero de 2011
Y cuanto más pasos adelante doy en la vida me doy cuenta de más pasos sobre los que tengo que volver.
Porque en un principio, cuando ibas construyendo sin nada a tus espaldas, todo parecía bueno, y si estaba equivocado, si no era constructivo para ti, entonces pasaba desapercibido por la falta de experiencia.
Ahora, que ni mucho menos tengo una gran experiencia, veo los fallos que he cometido, las murallas que he construido en mi mente, que se traspasan a mi cuerpo. Veo actos que tenían su base en un comportamiento equivocado, en algo que a vistas de cuaquiera no estaba mal, ni bien, pero que en mi interior fue modelando mi personalidad y con ella la forma de comportarme con el mundo.
Hoy se que hay pasos de esos que debo desandar. Hoy se que solo veo la punta del iceberg, que me queda mucho trabajo, y que para cuando tenga hecho todos los deberes, mi mundo habrá cambiado tanto que tendré que volver a empezar.
Pero no me desalienta, sé que no voy a rendirme. En estos momentos que tengo el mundo partido en dos, que mi temida frase se ha hecho realidad, que tendré que elegir algo muy importante en breve, se que sea como sea, todo seguirá adelante, porque no me pienso quedar atrás.
Porque en un principio, cuando ibas construyendo sin nada a tus espaldas, todo parecía bueno, y si estaba equivocado, si no era constructivo para ti, entonces pasaba desapercibido por la falta de experiencia.
Ahora, que ni mucho menos tengo una gran experiencia, veo los fallos que he cometido, las murallas que he construido en mi mente, que se traspasan a mi cuerpo. Veo actos que tenían su base en un comportamiento equivocado, en algo que a vistas de cuaquiera no estaba mal, ni bien, pero que en mi interior fue modelando mi personalidad y con ella la forma de comportarme con el mundo.
Hoy se que hay pasos de esos que debo desandar. Hoy se que solo veo la punta del iceberg, que me queda mucho trabajo, y que para cuando tenga hecho todos los deberes, mi mundo habrá cambiado tanto que tendré que volver a empezar.
Pero no me desalienta, sé que no voy a rendirme. En estos momentos que tengo el mundo partido en dos, que mi temida frase se ha hecho realidad, que tendré que elegir algo muy importante en breve, se que sea como sea, todo seguirá adelante, porque no me pienso quedar atrás.
sábado, 29 de enero de 2011
En estos días al mes, que, casualmente, dejo hablar a mi corazón, que todo parece llegar más hondo, y que me permito el desliz de sentir sin peros, es cuando debería plantearme qué quiero de mi vida.
Si hay una frase que repito hasta la saciedad, y la más inteligente que pensé de niña, es que no quería mi vida partida en dos. Hace tiempo me dijeron que lo que pensamos de niña no es igual a lo que pensamos ahora, los tiempos cambian, tus necesidades, tus sentimientos. Y, obviamente, tienes razón. Si no hubiera partido mi vida, simplemente no hubiera podido seguir siendo feliz.
Pero ahora que me enfrento a una vida real, donde solo yo soy responsable de lo que pasa en ella, de seguir un guión no escrito, dónde vivo, dónde como, dónde duermo, mis amigos, mi rutina, esa rutina que no existe, los actos que hago, las palabras que pongo en mi boca... ahora que soy consciente de que es algo que no depende de nadie más que de mí, esa responsabilidad se hace grande, como si siguiera siendo una niña que quiere la protección de sus padres. Añoro la tranquilidad de saber por dónde iba mi vida, de no pensar que haré el mes que viene, porque ya estaba pautado.
Clases, ir o no ir, estudiar, exámenes, salir... parecía algo fácil, sencillo, algo que se hacía sin esfuerzo, solo con la ayuda de cafés, de amigos que comparten contigo la misma (y, siendo realistas) pequeña carga.
Y cada mañana que me suena el despertador, que tengo que enfrentarme a un nuevo día en el que tampoco sé qué pasará, me pregunto lo mismo. Volver a estudiar. Estudiar, estudiar estudiar... estudiar ahora que aún puedo dar marcha atrás, cambiar de vida, porque estudiar significa para mí volver a Málaga (no soy tan fuerte como para estudiar y trabajar a la vez), unir mis dos vidas en una, aunque eso ya no sea posible.
Por que... ¿cómo iba a olvidarme de lo vivido aquí? De mis amigos, de la gente que conocí, de los buenos momentos con incontables personas, algunas que siguen y otras que no, de la sensación de libertad (en contra de la de falta de protección), de las millones de variables que se pueden dar en este día (en contra de no saber qué va a pasar), del escape que supuso Madrid en mi vida hace 3 años, de los cambios que han pasado en mí misma...
¿Cómo iba a olvidarme de lo que sé? ¿Cómo iba a volver a una vida tranquila, protegida, estudiando bajo el calor de mis padres?
Siendo realistas, no podría, y aunque podría volver a Málaga, tendría que ser con ciertos cambios, y, aun a riesgo de salir corriendo a la mínima oportunidad. Pero, como también me han dicho en muchas ocasiones, Madrid y Málaga no se van a mover de su sitio. Puedes moverte cuántas veces quieras y necesites, que aquí seguirán. Lo que no está tan claro es si seguirán los amigos que comparten mi vida ahora.
Y, vuelvo a citar a alguien que no soy yo, no le temas a los cambios. La vida debe ser para mí, algo en constante cambio, con entradas y salidas, guardando lo que se ha unido tanto a mí que dejarlo sería como arrancar una parte de mi corazón. Pero esas personas están contadas. Y como me dijo también una persona de estas, tan importantes, los amigos de verdad no se van, estén lejos o cerca.
Mirando en mi experiencia, tiene razón. No se van. Ahí siguen los de Málaga. Aquí siguen los de Madrid, que aún viviendo aquí no he visto en varios meses. Ahí siguen los repartidos por toda la geografía mundial, desde Cádiz, Sevilla, Barcelona, llegando hasta Brasil (qué vértigo, gracias a las nuevas tecnologías por permitirnos seguir en contacto).
Una vida a caballo es posible, y seguramente es la única que me hace feliz.
Gracias a todos los que estáis en mi vida aguantándome : )
Si hay una frase que repito hasta la saciedad, y la más inteligente que pensé de niña, es que no quería mi vida partida en dos. Hace tiempo me dijeron que lo que pensamos de niña no es igual a lo que pensamos ahora, los tiempos cambian, tus necesidades, tus sentimientos. Y, obviamente, tienes razón. Si no hubiera partido mi vida, simplemente no hubiera podido seguir siendo feliz.
Pero ahora que me enfrento a una vida real, donde solo yo soy responsable de lo que pasa en ella, de seguir un guión no escrito, dónde vivo, dónde como, dónde duermo, mis amigos, mi rutina, esa rutina que no existe, los actos que hago, las palabras que pongo en mi boca... ahora que soy consciente de que es algo que no depende de nadie más que de mí, esa responsabilidad se hace grande, como si siguiera siendo una niña que quiere la protección de sus padres. Añoro la tranquilidad de saber por dónde iba mi vida, de no pensar que haré el mes que viene, porque ya estaba pautado.
Clases, ir o no ir, estudiar, exámenes, salir... parecía algo fácil, sencillo, algo que se hacía sin esfuerzo, solo con la ayuda de cafés, de amigos que comparten contigo la misma (y, siendo realistas) pequeña carga.
Y cada mañana que me suena el despertador, que tengo que enfrentarme a un nuevo día en el que tampoco sé qué pasará, me pregunto lo mismo. Volver a estudiar. Estudiar, estudiar estudiar... estudiar ahora que aún puedo dar marcha atrás, cambiar de vida, porque estudiar significa para mí volver a Málaga (no soy tan fuerte como para estudiar y trabajar a la vez), unir mis dos vidas en una, aunque eso ya no sea posible.
Por que... ¿cómo iba a olvidarme de lo vivido aquí? De mis amigos, de la gente que conocí, de los buenos momentos con incontables personas, algunas que siguen y otras que no, de la sensación de libertad (en contra de la de falta de protección), de las millones de variables que se pueden dar en este día (en contra de no saber qué va a pasar), del escape que supuso Madrid en mi vida hace 3 años, de los cambios que han pasado en mí misma...
¿Cómo iba a olvidarme de lo que sé? ¿Cómo iba a volver a una vida tranquila, protegida, estudiando bajo el calor de mis padres?
Siendo realistas, no podría, y aunque podría volver a Málaga, tendría que ser con ciertos cambios, y, aun a riesgo de salir corriendo a la mínima oportunidad. Pero, como también me han dicho en muchas ocasiones, Madrid y Málaga no se van a mover de su sitio. Puedes moverte cuántas veces quieras y necesites, que aquí seguirán. Lo que no está tan claro es si seguirán los amigos que comparten mi vida ahora.
Y, vuelvo a citar a alguien que no soy yo, no le temas a los cambios. La vida debe ser para mí, algo en constante cambio, con entradas y salidas, guardando lo que se ha unido tanto a mí que dejarlo sería como arrancar una parte de mi corazón. Pero esas personas están contadas. Y como me dijo también una persona de estas, tan importantes, los amigos de verdad no se van, estén lejos o cerca.
Mirando en mi experiencia, tiene razón. No se van. Ahí siguen los de Málaga. Aquí siguen los de Madrid, que aún viviendo aquí no he visto en varios meses. Ahí siguen los repartidos por toda la geografía mundial, desde Cádiz, Sevilla, Barcelona, llegando hasta Brasil (qué vértigo, gracias a las nuevas tecnologías por permitirnos seguir en contacto).
Una vida a caballo es posible, y seguramente es la única que me hace feliz.
Gracias a todos los que estáis en mi vida aguantándome : )
lunes, 24 de enero de 2011
Nada más peligroso para una persona.
Que la soledad.
Ese tipo de soledad que se apodera de ti sin que te des cuenta, haciéndote creer que estás rodeado de gente, cuando en tu mente, solo estás tú.
Porque, teóricamente, la soledad es la falta de relaciones sociales. Pero para mí, además de tener conocidos, amigos, famillia, rodeándote... tienes que aprender a escucharles.
Si para tí solo existe una verdad, la tuya; si la gente te aconseja, pero no procesas la información que te llega del exterior, y con procesar no digo que les des la razón, sino que sigas un proceso lógico contigo mismo para llegar a tus propias conclusiones...; si no eres capaz de establecer una jerarquía dentro de tu cabeza, entonces, estás perdido.
Crearás un mundo interno, tuyo, solo tuyo, que quizás, por casualidades de este mundo repleto de personas, sea igual al de otro, igual de disfuncional.
Y es que no es fácil estar alerta de las señales que te hacen vislumbrar que algo empieza a fallar. Y tan atento hay que estar, que a veces, en tu cordura, empiezas a pensar que estás loco. Paranoico.
Pero si sigues ahondando en ese "tic" que sientes, en ciertas conductas, llegarás finalmente a una conclusión, adoptándola como nueva forma de pensamiento, rasgo de tu personalidad.
Y, para saber que estás en lo cierto, nada mejor que sentir el bienestar que te produce haber llegado hasta el final, hasta ese final que hace que el "tic" desaparezca.
Por supuesto, esta conclusión solo será válida para ti, y dependiendo de la calidad, será válida para más personas. Porque, y gracias al universo, hay un gran número de personas que se pueden llamar "normales", por muy poco que me guste esta palabra.
Y ahora os dejo un Anexo donde un profesional habla, y no una loca como yo... : )
ANEXO 1:
Existen cuatro tipos fundamentales de soledad: real, neurótica, artificial y existencial. Veámoslas.
Ese tipo de soledad que se apodera de ti sin que te des cuenta, haciéndote creer que estás rodeado de gente, cuando en tu mente, solo estás tú.
Porque, teóricamente, la soledad es la falta de relaciones sociales. Pero para mí, además de tener conocidos, amigos, famillia, rodeándote... tienes que aprender a escucharles.
Si para tí solo existe una verdad, la tuya; si la gente te aconseja, pero no procesas la información que te llega del exterior, y con procesar no digo que les des la razón, sino que sigas un proceso lógico contigo mismo para llegar a tus propias conclusiones...; si no eres capaz de establecer una jerarquía dentro de tu cabeza, entonces, estás perdido.
Crearás un mundo interno, tuyo, solo tuyo, que quizás, por casualidades de este mundo repleto de personas, sea igual al de otro, igual de disfuncional.
Y es que no es fácil estar alerta de las señales que te hacen vislumbrar que algo empieza a fallar. Y tan atento hay que estar, que a veces, en tu cordura, empiezas a pensar que estás loco. Paranoico.
Pero si sigues ahondando en ese "tic" que sientes, en ciertas conductas, llegarás finalmente a una conclusión, adoptándola como nueva forma de pensamiento, rasgo de tu personalidad.
Y, para saber que estás en lo cierto, nada mejor que sentir el bienestar que te produce haber llegado hasta el final, hasta ese final que hace que el "tic" desaparezca.
Por supuesto, esta conclusión solo será válida para ti, y dependiendo de la calidad, será válida para más personas. Porque, y gracias al universo, hay un gran número de personas que se pueden llamar "normales", por muy poco que me guste esta palabra.
Y ahora os dejo un Anexo donde un profesional habla, y no una loca como yo... : )
ANEXO 1:
Existen cuatro tipos fundamentales de soledad: real, neurótica, artificial y existencial. Veámoslas.
1. Soledad real. Es la que experimentamos por la ausencia de personas emocionalmente importantes para nosotros (p.ej., familia, pareja, amigos). Constituye una especie de aislamiento objetivo debido generalmente a circunstancias transitorias (p.ej., muerte de seres queridos, desconexión del entorno (por enfermedad, viajes, etc.), cambios de ambiente (escuela, trabajo, domicilio), contingencias de la vida (divorcio, casamiento de los amigos), etc.). Este tipo de soledad termina cuando el sujeto restablece o renueva sus relaciones afectivas.
2. Soledad neurótica. Es la que experimentamos como resultado del desamor y los traumas infantiles, debido a los cuales nos sentimos inseguros, aislados y tristes aunque sí existan a nuestro alrededor numerosas personas que nos valoren y nos quieran. Sencillamente, "no podemos creerlo", no sabemos disfrutarlo, y nos sentimos absurdamente solos e incomprendidos. Es como morirnos de sed en medio del río. Esta clase de soledad sólo puede ser superada, en general, con ayuda psicoterapéutica.
3. Soledad artificial. Los valores y expectativas sociales nos hacen sentir desdichados cuando, por cualquier razón. no las alcanzamos. Por ejemplo, si tu familia te enseñó que la soltería o el divorcio son "desgracias de la vida", entonces, si sigues soltero o te divorcias, te sentirás fracasado y solo... ¡incluso aunque, en el fondo, te guste vivir así! Lo mismo hay que decir del estilo de vida imperante -competitivo, consumista, alegre, superficial, etc.-: si no eres como los demás, te sentirás fatalmente solo. La soledad artificial se soluciona simplemente rebelándonos contra los prejuicios adquiridos, asumiendo y ejerciendo nuestra verdadera identidad, y relacionándonos con personas más afines a nosotros.
4. Soledad existencial. Esta clase de soledad nace del hecho de que cada uno de nosotros es una subjetividad completamente diferente de los otros -como una huella dactilar-, de modo que todos vivimos intrínsecamente "a solas" e incomunicados de los demás -nadie puede sentir mi propio dolor de muelas, etc.-. Por otro lado, como somos animales pensantes que nos damos cuenta de todo (del dolor, el caos, el tiempo, la muerte), sufrimos una angustioso e irremediable desamparo de origen intelectual. El resultado es esa soledad peculiar, inherente a nuestra condición de seres vivos y pensantes, que es la más profunda e incurable de todas. Hay, desde luego, algunos paliativos que nos ayudan a sobrellevarla: el amor, el arte, la procreación, las religiones, la sabiduría... En cualquier caso, el secreto es aceptarla tal como es y no dejar que nos paralice sino, al revés, convertirla en nuestro principal aliciente para disfrutar de la vida.
domingo, 23 de enero de 2011
Here I Am!
Algo que llevaba tiempo pasando por mi cabeza y que gracias a una personita fantástica, y a mis dotes investigadoras, he descubierto esta noche.
Y no sé si será una forma de expresarme al mundo o una forma de reflexionar conmigo misma, pero será algo con lo que aprender.
Por que... ¿qué es sino la vida que un contínuo aprendizaje?
Y no sé si será una forma de expresarme al mundo o una forma de reflexionar conmigo misma, pero será algo con lo que aprender.
Por que... ¿qué es sino la vida que un contínuo aprendizaje?
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